Sueño de circo
El león ruge y la gente se asusta. Piensan que atacará, pero no saben que solo quiere su alimento, alimento que busca y no encuentra. Algunos corren y otros quedan en shock, pero él quiere alimento, y corre, grita y desespera, y no lo encuentra, todo es vacío, siente que no hay lugar para él en el mundo humano, siente el frío de la ciudad y anhela el calor de a selva, selva que nunca ha visto y solo conoce por cuentos y su imaginación, todo por haber nacido en este circo. Se ha escapado otras veces, pero siempre es lo mismo, grita, llora, corre, desespera, logra evadir por unos segundos la vida, pero los cuidadores lo siguen, y capturan lo enjaulan, encarcelan y apenas logra ver el cielo en los días que sacan la publicidad del circo por las callejuelas urbanas, a través de las rejas, el cielo gris. La gente lo mira, algunos le sonríen, otros suelen colocar cara de pena, otros con miedo, pero él solo está ahí, solo está ahí… Lo ven pasar, lo dejan pasar y nadie dice nada y siguen su rumbo. Los payasos ríen a carcajadas, la música se oye en el ambiente, los payasos lloran escondido tras las estrellas, y las estrellas de su rostro reflejan su pena, pero ellos ríen, ellos ríen… El animador anuncia la función, todos los días a la misma hora la misma función, la entrada se paga una vez y puedes ver todo el espectáculo, todos los días, como un ciclo repetitivo. El león a veces ni siquiera siente la risa de los payasos, a veces no quiere comer la mala carne que le dan, otras veces ríe con los payasos y como ellos… La selva se encuentra a kilómetros, pero la selva existe y ella aguarda por él, solo que escapa en el mal momento o lugar, uniendo a eso lo desconocido del camino, pero la imaginación sigue ahí, tal y como los cuentos de la niñez, tal y como las ansias de ese alimento. Los niños lo miran, algunos lo desearían como mascota en sus patios, pero le temen al pensarlo, los niños lo miran y él los mira a ellos…
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