3/30/2007

Canto de noche

En la periferia de los pueblos, tras el día se esconde la noche. Los pájaros comienzan a volar bajo, las voces son más cautelosas; el papel que los cubre se siente más oscuro u lúgubre. La neblina le nubla los ojos pero cala los huesos. Roedores que van tras alimento de uno de los lados del muro que no los deja pasar, pero ellos también se han acostumbrado a este recorrido como un ciclo consuetudinario, Más que un hábito de sobrevivencia, de sobrecoexistencia.
A lo lejos la pólvora de un fósforo enciende un cigarrillo barato, el humo empieza a fluir, inspira, inhala, absorbe el humo que entra a quemar lentamente e inevitablemente, el cigarro se empieza a consumir y su antes materia de hierva, de tierra y tabaco se vuelve un desvanecimiento confundiéndose con neblina en un camino que quiere ir al hilado pero que no alcanza a llegar. Los dedos que lo sostienen están fríos, dedos de uñas comidas… ¿De hambre? ¿De ansiedad? ¿Desesperación subconsciente?; se mueven un poco de vez en cuando para aplacar el hielo. El ladrido de los perros ya no provoca el pavor de antaño, ahora es el canto diario, el canto de la noche.

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