11/06/2006

Aroma a muerte

 Si tuvierámos la suerte de morir y revivir, la muerte hubiese sonreído para nosotros. ¿Por qué ese constante rechazo y miedo a la muerte? Si la tuviéramos presente en cada instante de la vida, ésta sería mejor aprovechada, contemplaríamos más y los detalles serían los diamantes de la existencia, los múltiples encuentros reales que se dejan pasar minuto tras minuto, relaciones sinceras... mmm, si yo creo que el tiempo así como la muerte han sido dejados a un lado como los estorbos incompetentes de nuestro paso por este mundo, y han sido vistos como una de nuestras grandes limitaciones, sin darnos cuenta que más que limitarnos nos abren una visón mucho más intensa, atenta y clara de este fluir vital. O sea la trascendencia del ser espiritual no esta en duda, esto forja una de las mayores contradicciones que vemos a diario y de la cuales la mayoría no se logra percatar, si creemos tan firmemente en la inmortalidad de lo que algunos llaman alma por que el temor espantoso a dejar nuestro ser físico, o el de un ser querido por ejemplo, y que no digan que lo digo fríamente por que yo también he “perdido” a personas cercanas. O sea ¿será el miedo a lo desconocido, a la mayoría que dice creer en un dios, será que esa fe no es tan grande como parece, o que es tan grande nuestro egoísmo que queremos tener para siempre a las personas a nuestro lado? a pesar de que yo piense que hay veces que cuando ya no están es cuando más cerca las tenemos. Vamos por parte, puede existir pena es cierto, pena de reflexión, una suerte reflexión por el “viaje” o transformación que emprende este ser que se va, pero el egoísmo comienza por que más que preocuparnos del fallecido nos preocupamos nosotros mismos, es decir, tanto nos aferramos a esta vida, sin tener presente la muerte, que no la disfrutamos plenamente, nos aferramos solo a una materialidad inconsistente, y tememos a lo desconocido, por que no lo hemos querido conocer, ni profundizar, ni cuestionarnos el tema. No creo que las relaciones se acaben sino que sufren transformaciones, que son mucho más notables cuando a la hora de hablar de la muerte se trata. Nos quedamos en la mera costumbre humana, en lo rutinario, en la dependencia y no en la trascendencia. Estamos acostumbrados a estar con ese alguien, tanto así como un capricho, que no alcanza a cubrir la esencia del sentimiento real, la muerte está presente, existe, y convivimos con ella día a dia, y mientras mas concientes seamos de ello, más sabios querremos ser de esta vida, más querremos aprender, descubrir y sentir auténticamente para no sufrir una suerte de sensación de que este fluir es en vano y aprovecharlo al máximo. Algo parecido ocurre con el paso del tiempo, si por que la vejez nos alcanza a diario y pareciera que da lo mismo. Bueno no lo da. Cada presente constante, cada grano de arena que se nos cae de las manos es único y jamás volverá a ocurrir más que como mero recuerdo. Olvidamos esto tan seguido que no damos la suficiente importancia al instante, ese momento, carrete, beso o conversación es tan único, irrepetible e indivisible, esos lapsos de meditación, de reflexión, de encuentro con nada o con todo... Cuando estamos con un amigo por ejemplo, aunque estés simplemente en silencio, ese silencio grato con esas ideas vagantes precisas en tu cabeza no volverán a repetirse, es un disfrute genial, el vivir el momento al máximo, o sea el pensar en que cada momento en verdad es único, es una invitación a vivirlo intenso, a guardarlo en tu mente y en tu corazón si tiene relación con el, para que cuando estés en otro instante menos grato quizás, cierres los ojos y simplemente no estás solo, tienes tus momentos intensamente vividos, tus recuerdos plenamente disfrutados, tus segundos felizmente compartidos, que te dan lo que necesitas para pasar ese que alomejor no es tan grato en espera de uno mejor que tal vez se parecerá al otro o quizás no, pero que obviamente también será exclusivo, tener presente el tiempo, la carrera de envejecer, la muerte, no es malo, es de lo más relevante en la vida, y tenerlos presente más que un sufrimiento, es un éxtasis digno de compartir.

1 Comments:

Blogger Constancia, Constanza Larenas said...

yo nunca le he tenido miedo a esa muerte, me muero eso si, si viviera muerta.

11:23 PM  

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